OBRAS PICTÓRICAS Y ESCULTÓRICAS

Guadalest de José Gallar Cutillas

El estudio que sobre las pinturas adosadas al techo del Salón Imperio, con apariencia de frescos, realizaran tres expertos nacionales para un ciclo de conferencias, ha merecido un capítulo aparte, ahora que se acaba de cumplir el centenario de las mismas, al igual que una obra de grandes dimensiones con historia que firmara Lorenzo Casanova, conocida por el título de “Jaque mate”.

Aquí vamos a detenernos sucintamente en los cuadros de mayor valor que forman parte hoy en día de los fondos pictóricos del Real Liceo Casino de Alicante, habida cuenta que cuando el derribo del antiguo edificio, des-aparecieron algunos de diversos autores; y con Posterioridad, debido a motivos económicos, hubo de desprenderse de dos óleos poseedores de un innegable valor, ‘El halconero’ de Lorenzo Casanova, y ‘Puerto de Alicante’, obra de Joaquín Agrasot, ambos actualmente en el Museo de Bellas Artes Gravina (MUBAG).

También citaremos más adelante el conjunto reducido de bustos de mármol que decora igualmente las instalaciones desde hace más de un siglo.

En octubre de 2000 se realizó un informe por parte de Luis Pablo Martínez Sanmartín, técnico inspector de Patrimonio Mueble de la Generalitat Valenciana, para la inscripción en el Inventario General del Patrimonio Cultural Valenciano de la colección de bienes muebles del Casino que nos sirve aquí de referencia al igual que la loable catalogación hecha por los actuales empleados de la sociedad.

De comienzos de siglo sólo se conservan dos óleos de buenas proporciones que representan a unas mujeres recostadas y realizara Lorenzo Pericás dentro del tipismo alegórico y costumbrista tan común en el arte modernista de entre siglos, hallándose uno de ellos en el restaurante y el otro en la sala de brigde. Igualmente hay un lienzo adherido al techo de la biblioteca que pintó Heliodoro Guillén en 1902 y representa una alegoría de las letras.

Lorenzo Pericás Ferrer (Alcoy 1863 Alicante 1912) se trasladó a los veintidós años a la capital y recibió clases en el famoso estudio de otro alcoyano como Lorenzo Casanova, en el paseo del Dr. Gadea n° 25. Pintor de flores y escenas costumbristas tan del gusto de la época, se inspiró en la luz sorollesca y tuvo un discípulo aventajado en Emilio Varela. Fallecería en Alicante, carente de recursos, a la temprana edad de cuarenta y nueve años.

Por su parte, Heliodoro Guillén Pedemonti  (Alicante 1863-1940) mantuvo una buena relación de amistad con Joaquín Sorolla el cual pasará las Navidades de 1918 en su casa de la calle San Fernando. Pintor academicista de holgada posición económica, discípulo de Casto Plasencia, fue autor de óleos tan de moda a finales del XIX que plasmaban escenas trágicas pero también de otros de temática amable y composiciones alegóricas del consorcio, la industria y los deportes náuticos. Ya mayor (1928) se involucró en la construcción de hogueras por ser su hijo, el Dr. Ramón Guillén Tato, presidente del distrito fogueril de la Plaza de Chapí.

Páramos de León de Antogonza

Otro de los grandes pintores del siglo pasado, José Pérezgil (Caudete 1918-Alicante 1998) está representado por el óleo ‘Aljibes y abrevaderos’ (1968) de su etapa blanca con connotaciones ibicencas.

Mesa con tetera de Xavier Soler

Un pintor de tradicionales bodegones de frutas y naturalezas muertas, poco conocido y algo revalorizado con el tiempo, José Marced Furió (Villajoyosa 1896-Valencia 1967), y famoso por lograr el máximo galardón, precisamente junto a Gastón Castelló, de la primera edición de las Hogueras de San Juan, también está presente en estos fondos pictóricos con un ‘Jarrón con flores, perlas y abanicos’.

Hay igualmente una extensa relación de obras de pintores reputados, caso de Antonio González ‘Antogonza‘ (Salamanca 1934) del que se tiene un pequeño paisaje de los ‘Páramos de León, José Gallar Cutillas (Alicante 1911- ?) con ‘Camino entre árboles’ y `Guadalest’ y otras muchos cuya relación resultaría exhaustiva:

Pablo Lau, José Belmar, Amérigo Asín, José Juan Samper Pamblanco y un largo etcétera hasta llegar al centenar largo de autores.

El resto de obras pertenece a buena parte de los pintores alicantinos más afamados de la pasada centuria. Por el galardón conseguido, comenzaremos citando ‘El hombre’, de Edmundo Lloret (Alicante 1929), segunda medalla del XXXIX Salón de Otoño de Madrid (1968), donado al Casino en 1983 y que forma parte de la pintura misteriosa y tenebrista de este autor. En 1952 Gastón Castelló (Alicante 1901-1986), socio del Casino que tenía su casa-estudio muy cerca del mismo, en la calle San Fernando, frente a Correos, realizó unos óleos circulares sobre tabla para tapar la visión de los ojos de buey que se encontraban en el segundo nivel del viejo Salón Imperio. Son seis de temática floral, con predominio de las rosas, que, con el derribo del edificio, los restauró y firmó con el año de ejecución, enmarcándose para lucir actualmente en el Salón Blanco o de las Flores que se halla en la entreplanta. De este mismo autor hay un lienzo importante ‘El correo de Tabarca’ (1969) que representa la barca ‘Remediets’ que hacía el trayecto hasta la isla, con sus personajes variopintos, y sirviera de portada de un gran libro del escritor Miguel Signes llamado precisamente ‘Tabarca’ y en el que se basó el director Domingo Rodes para realizar una película. También de Gastón es un cuadro de 1970 donde plasma el pueblo de Finestrat.

Aljibes y abrevaderos de José Pérezgil

De igual manera hay que destacar a Xavier Soler (Alicante 1923-1995) con ‘Mesa con tetera’ (1981) en su línea de espléndidas plasmaciones de interiores domésticos, así como a Manuel González Santana (Alicante 1904-1994) pintor prolífico y gran paisajista que está representado por dos cuadros de casas con almendros y arboledas. De Manuel Baeza (Alicante 1911-1986) existe un óleo muy personal sin título que representa unas flores y plantas.

La mágica figuración intimista de Polín Laporta (Alcoy 1920-Alicante 2004) se halla presente en dos obras, jarrón con flores’ y ‘Mariposa’ (1968).

No vinculado con Alicante pero de gran proyección internacional, queremos resaltar a Eustaquio Segrelles (Albaida 1936), maestro de la luz azulada, las sombras y el color, costumbrista valenciano muy popular del que se tiene un típico paisaje marinero con pescadores y una mujer con una cesta en primer plano, ubicado en la Sala de Juntas.

El óleo del Rey Juan Carlos I, hecho en 1983, tiempo en que acudiera a la inauguración oficial del Casino, fue realizado por Antonio Segovia (Mollina 1949), excelente retratista malagueño que ha pintado a la familia real española. Concluiremos citando la colección de seis bustos en mármol blanco de los que se desconoce su autor y personalidades que representan, seguro que simbólicas de la cultura. Pudiera pensarse, aunque se carece de base científica que lo avale, fueran de un sobresaliente artista local ya citado, Vicente Bañuls Aracil (Alicante 1865-1934), autor de monumentos tan conocidos de la capital como los de Canalejas, Maisonnave y la fuente de La Aguadora en la plaza de Gabriel Miró así como los erigidos en memoria de Castelar (Elda) y Jorge Juan en su ciudad natal de Novelda. Se da la circunstancia de que este magnífico escultor estuvo muy vinculado al Casino ya que pintó la alegoría de la música y las bellas artes del Salón Imperio, así como una desaparecida del juego de cartas, manteniendo también muy buena relación con Heliodoro Guillén.

Una  de las mejores piezas, tradicionalmente considerada como una representación de ‘Séneca’, está inventariada como ‘patricio romano de edad avanzada’;  un ‘prelado de la Iglesia Católica’ era conocido por ‘Nuncio de Su Santidad’; y ya sin fundamento, dos escritores medievales laureados se conocían por Isabel y Fernando. A estos cuatro hay que añadir el busto de un joven y el de otro patricio romano togado, llegándose a especular que uno de ellos podría tratarse de Dante. Actualmente pueden ser contemplados a ambos lados de la puerta de acceso a la sala de billares y palco del Salón Imperio.

JAQUE MATE

El lienzo Jaque mate de Lorenzo Casanova (Alcoy, 1844-Alicante, 1900) es conocido en el Casino de Alicante con otro título: La jugada. El hecho se debe a una vieja interpretación que sostiene que este cuadro de grandes dimensiones (2,44 x 3,93 metros) representa una de las bazas posibles en el juego de naipes del Tresillo. Su tema, en cambio, no tiene nada que ver con semejante lectura. Jaque mate, a pesar de su título, tampoco recrea ninguna partida de ajedrez, aunque reconstruye — como en toda jugada definitiva con que los ajedrecistas avisan a su rival de que ha sido vencido— el momento previo a un final: el momento en el que dos amantes son descubiertos y van a ser asesinados.

En el cuadro destaca una pareja de jóvenes sentados. Él se inclina sobre ella mientras la besa. Hay en el suelo, sobre el extremo de la falda de la mujer, un libro abierto, con apariencia de haber caído. Los dos amantes se entretienen ajenos a su entorno. Pero la obra contiene un segundo punto de atención: un tercer personaje, no muy agraciado, que se acerca sigiloso y encorvado hacia ellos, empuñando con su mano derecha una espada. La acción tiene lugar en un interior de aspecto palaciego y los atuendos de sus protagonistas nos remontan a siglos pasados. El lienzo resume el último episodio de la historia de Francesca de Rímini y su cuñado Paolo Malatesta, la escena en que iban a morir.

No se conocen con exactitud las fechas de nacimiento y muerte de Francesca, pero se supone que vivió aproximadamente entre 1260 y 1289, si bien la imprecisión que existe sobre el año de su muerte permite pensar que pudo acaecer a partir de 1283. Hija de Guido de Polenta, señor de Ravena, se casó con Gianciotto, hijo de Malatesta, señor de Rímini, a quien no había visto antes de la boda. Feo, deforme y jorobado, Gianciotto temía verse rechazado por la novia, por lo que recurrió al apaño de contraer nupcias por poderes enviando a la ceremonia a su hermano Paolo, mejor tratado por la naturaleza, para actuar en su nombre. El matrimonio, aunque legal, no pudo evitar que Francesca se enamorara de su cuñado. Un día leía con él las aventuras del rey Arturo, concretamente la infidelidad de su esposa —la reina Ginebra— con uno de los caballeros más estimados por el rey, Lanzarote del Lago, cuyo encuentro en secreto había facilitado un tercero: Galeoto. Cuando leyeron que Lanzarote besó a Ginebra, Paolo hizo lo mismo con Francesca. Y Gianciotto, que espiaba cerca, aprovechó la tierna distracción de los enamorados para acercarse a ellos y atravesarlos con su espada.

Dante Alighieri fue quien dio celebridad a esta historia al concebir su propio encuentro en el Infierno con las almas de Francesca y Paolo, prisioneros de un vendaval que transportaba y les daba tormento por pecado de amor. El pasaje es uno de los más conocidos de su Comedia y de los más recreados por el arte, al mismo tiempo que el lamento de Francesca — “Nessun maggior dolore / che ricordarsi del tempo felice / nella miseria”— ha trascendido como uno de los más citados del largo poema, precursor del “cualquier tiempo pasado fue mejor” que consagró Jorge Manrique.

Sin embargo, la identificación de Jaque mate con una jugada de Tresillo sólo puede deberse al imaginario de quienes se acostumbraron a reunirse para sus partidas bajo la presencia imponente del lienzo. Casanova, su autor, había estado en Italia a partir de 1874, tras concederle una beca la Diputación de Alicante. Era, como escribió su sobrino Gabriel Miró, uno de los pocos pintores “que en aquel tiempo leían”. Precisamente se le conoce un fresco titulado La Divina Comedia, realizado para una casa de Alcoy, inspirado en el momento en que el poeta florentino y Virgilio encuentran a Francesca y Paolo en el torbellino infernal, mientras que su biógrafo Rafael Coloma ya apuntó que realizó en Roma un lienzo sobre Francesca de Rímini que en ningún momento relacionó con Jaque mate. A juzgar por el fresco y por el cuadro del Casino, no hay duda de que le sedujo la historia de los amantes desafortunados, como a tantos pintores del siglo XIX. En la obra se hallan todos los elementos sobre los que trabajaron los artistas decimonónicos que recrearon la tragedia: el beso, el libro — en este caso en el suelo — y el agraviado Gianciotto decidido a darles la es-tocada mortal sin sospechar que con ello les condenaba a una paradoja: la de la inmortaliad poética y dantesca.

El presente texto es un resumen del artículo de D. José Ferrándiz titulado “¿Juego de naipes o asesinato? El lienzo Jaque mate de Lorenzo Casanova”, publicado en la revista El Salt, 10 (2006), pp. 44-47, edita-da por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.