BIENVENIDA

“Frente a una Explanada con perfume de jazmines, de brisas marineras olorosas de yodo, con retratistas mágicos que hacían posar a los niños sobre un majestuoso caballo de cartón, con la promesa del pajarito que había de salir de la caja misteriosa, el Casino de Alicante, señorial, importante, con terraza apoyada sobre elegantes columnas de hierro, en un ayer que nos llena de nostalgias, con severos salones y respetuosos conserjes uniformados que cuidan de él como del viejo arcón de conservadurismo.

Ahora la Explanada huele a jazmines y a heliotropos, a madreselvas y a mar. Vuelan otras gaviotas sobre el cielo del puerto, pero iguales a las de ayer. El Casino ha sido restaurado. deliciosamente reconstruido. En él, el hombre ha vencido al tiempo. De nuevo, la escalera majestuosa con mármoles portugueses y barandas de hierro forjado, que arrancan de bellas figuras escultóricas. El Salón Imperio con sus encantadoras pinturas de Heliodoro Guillen, Pericás y Bañuls, de ángeles y madonas y guirnaldas de flores, revividas y llenas de hermosura, por el arte y la gracia de Julián López Bravo y Manuel Requena. Los ricos artesonados, el noble mobiliario, la suntuosa biblioteca. Todo nos devuelve al ayer. Pero del mar, de la Explanada, pavimentada con millones de coloridas teselas de mármoles, con jardines de delicado perfume, ya sin la rueda encantadora de los barquilleros ni los retratistas mágicos, por los ventanales luminosos, entra una dulce bocanada de aire nuevo llena de frescura.

Y es como una promesa de esperanza y renovación”